Dilma Rousseff, economista de 63 años, asumió hoy como primera presidenta de Brasil

En su juventud, Rousseff formó parte de varios grupos armados que operaban en la clandestinidad contra la dictadura militar (1964-1985).

Ese pasado, por el que sus detractores la acusan de haber sido “guerrillera”, es la parte más oscura de su biografía, aunque no hay indicios de que haya estado implicada en delitos de sangre.

Por esa militancia, donde tuvo más papel de agitadora que de “guerillera”, Rousseff fue detenida en 1970, torturada y encarcelada hasta finales de 1972, cuando fue condenada por subversión.

Tras esa fase, Rousseff estudió economía y ocupó varios cargos administrativos en el estado meridional de Río Grande do Sul, donde desarrolló su actividad profesional hasta que Lula la llamó, a finales de 2002, para formar parte de su gabinete.

A diferencia de Lula, Rousseff mantiene en público una actitud más reservada, es poco dada a hablar de su familia, de sus gustos y aficiones o incluso de hacer bromas, una práctica recurrente en los discursos de Lula.

La presidenta está divorciada y tiene una hija, Paula, que este año le dio su primer nieto, Gabriel, nacido en plena campaña electoral.

Quienes la conocen y han trabajado con ella la describen como una persona de carácter duro y autoritario, eficiente, pragmática y con capacidad de liderazgo a pesar de no tener una pizca de carisma.

La prensa de Brasilia cuenta que como mano derecha de Lula en el Ministerio de la Presidencia, sus broncas desmesuradas hicieron llorar a más de un colaborador y hasta provocaron la dimisión de algún ministro, algo que ella niega.

“Lo que es difícil no es mi temperamento, sino mi función. Debo resolver problemas y conflictos. Sin descanso. No me critican por ser dura, sino por ser mujer”, declaró una vez.

Rousseff sabe que la sombra del carismático Lula, que deja el poder con una popularidad récord del 87 %, estará presente durante todo su mandato y que las comparaciones entre el ex presidente y ella serán constantes.

Operativo Sol en Mar del Plata

El gobernador de la provincia, Daniel Scioli, aseguró que “Mar Del Plata recuperó el turismo de clase media”, luego de supervisar el Operativo Sol en el ingreso de la ciudad balnearia. “Hemos coordinado todo para proteger al turista desde que sale de su casa”, señaló el mandatario provincial.

El jefe de la Policía Bonaerense, Juan Carlos Paggi y el ministro de Seguridad, Ricardo Casal, acompañaron al Gobernador.

Durante la mañana de hoy, el gobernador de la provincia, Daniel Scioli, supervisó el Operativo Sol en el ingreso a Mar Del Plata, en donde se mostró conforme con las trabajos que vienen desarrollando en la ciudad balnearia.

“Hemos coordinado todo para proteger al turista desde que sale de su casa. El operativo está reforzado porque prevemos mayor movimiento turístico y de acuerdo a la experiencia de cada temporada disponemos de objetivos estratégicos“, señaló Scioli, luego de supervisar el operativo.

A su vez, informó el propio gobernador, “Mar del Plata recuperó el turismo de clase media”. “110 mil vehículos” ingresaron, según Scioli, a “la feliz”.

“Prudencia, sensatez y el respeto a las velocidades máximas permitidas”, es lo que pidió el Gobernador a los automovilistas para prevenir accidentes y que todos lleguen al destino deseado.

En tanto, aseguró que la idea de su gestión es “cuidar al turista” y que realizarán, en toda la costa atlántica, test de alcoholemia para combatir la “problemática nocturna con el exceso del consumo de alcohol”.

“Es nuestra prioridad cuidar la vida de cada uno, así que esperemos que sea un éxito en todo sentido”, indicó Scioli.

“Hubo un crecimiento en la economía muy importante que provocó que haya una mayor posibilidad de planificar unas vacaciones más importantes y con mejor predisposición”, expresó.

Por otra parte, Scioli repetirá esta actividad en Pinamar, durante la jornada de mañana, y el lunes estará en el partido de la Costa.

El ministro de Seguridad de la provincia, Ricardo Casal, y el Jefe de la Policía bonaerense, Juan Carlos Paggi, acompañaron al mandatario provincial en su supervisión.

Evo anuló el decreto de suba en los combustibles

El presidente boliviano anunció que dejaba sin efecto la medida que, con hasta el 83% de aumento, había desatado la furia de los ciudadanos e impulsado el aumento de los precios del transporte y los alimentos. 

El presidente boliviano, Evo Morales, anunció anoche, poco antes de que comenzara el nuevo año, la anulación del decreto que elevó los precios de los combustibles hasta en 83 por ciento y que dio lugar a violentas protestas esta semana y a promesas de comienzo de una etapa complicada para su gobierno.

“Hemos decidido, en esta conducta de mandar obedeciendo al pueblo, abrogar el decreto supremo 748 y los demás decretos supremos que acompañan a esta medida”, dijo Morales anoche, flanqueado por el vicepresidente Alvaro García Linera y el canciller David Choquehuanca.

En un mensaje por radio y TV, el presidente sorprendió a los bolivianos apenas una hora y media antes de que terminara el 2010. “Todas las medidas quedan sin efecto, no existe ninguna justificación ahora para subir los pasajes ni aumentar el precio de los alimentos ni la especulación. Todo vuelve a la situación anterior”, señaló.

La decisión presidencial revocó también el aumento del 20 por ciento al salario mínimo nacional, que alcanzaba a la Policía, las Fuerzas Armadas, así como los sectores de salud y educación y abría las puertas al sector privado para negociar un incremento de sueldos en ese parámetro.

El miércoles pasado, el presidente había justificado el alza en los combustibles al señalar que de la subvención anual a los carburantes de 380 millones de dólares, 150 millones se iban de contrabando a países vecinos como Brasil, Perú, Argentina, Chile y Paraguay. No obstante, señaló igualmente que ese contrabando era muy difícil de combatir.