Solo para mujeres

Artículo escrito por Andy Rooney, corresponsal de 60 Minutes de CBS
Mientras maduro en edad, valoro a las mujeres que pasan de los 40 más que a todas. Aquí hay unas pocas razones:
Una mujer de más de 40 nunca te despertaría en medio de la noche para preguntarte ¿En que piensas? A ellas no les importa lo que piensas.
Si una mujer de más de 40 no quiere ver un juego de pelota, no se sienta a quejarse. Hace algo que la entretenga. Y, usualmente es más interesante que el partido.
Una mujer de mas de 40 se conoce a si misma lo suficiente para saber quien es, lo que es, lo que quiere, y de quien lo quiere.
A las mujeres de más de 40 les importa un bledo lo que tú puedas pensar sobre ellas o lo que hacen.
Una mujer de más de 40 es digna. Difícilmente se pondría a gritarte en el teatro o en el medio de un restaurante caro.
Pero por supuesto, si lo mereces, no dudara en matarte, si cree que puedes salirte con la tuya.
Las mujeres adultas son generosas con los piropos, muchas veces inmerecidos.
Ellas saben lo que es no ser apreciadas.
Las mujeres de más de 40 son brujas. Nunca tendrás que confesarles tus pecados, ellas siempre los sabrán.
Una mujer de más de 40 se ve bien pintada los labios con rojo brillante. No pasa igual con las más jóvenes.
Una vez superada una arruga o dos, una mujer de más de 40 es mucho más sexy que sus contrapartes más jóvenes.
Las mujeres mayores son directas y honestas. Te dirán de inmediato si eres un idiota, o si estas actuando como tal. Siempre sabrás donde estas parado con ellas.
Adoramos a las mujeres de más de 40 por múltiples razones. Desafortunadamente no es reciproco. Por cada deslumbrante, inteligente y bien puesta mujer de más de 40 hay un calvo barrigón con pantalones curtidos viéndose como un idiota con una muchachita de 22 años.

Ecología

 Ecología: mirada global, ceguera local

Los países de América del Sur están enfocando los temas ambientales insistiendo en los problemas globales, pero a costa de minimizar sus miradas sobre el deterioro ecológico dentro de sus fronteras. El más claro ejemplo es la cuestión del cambio climático. Se repiten las alertas sobre los efectos del incremento de la temperatura global y la acumulación de gases contaminantes. Los gobiernos despliegan diversas acciones y asisten a todas las reuniones internacionales, y algunos, como Bolivia, insisten en sus críticas contra los países industrializados.
Pero esa energía que ponen en la problemática planetaria no aparece en los temas nacionales y locales. Una y otra vez, éstos quedan en segundo plano. En el caso del cambio climático prevalecen las posturas que lo entienden como un asunto de gases que provienen, por ejemplo, de motores y fábricas, y del norte. Pero en América del Sur las principales fuentes de emisiones de gases se deben a la deforestación, los usos agropecuarios y otros cambios en el manejo de la tierra. Ese origen llega a representar el 80% de emisiones en países andino-amazónicos. Por lo tanto, si se quiere hablar en serio sobre cambio climático, se deben discutir las estrategias en desarrollo agropecuario, la deforestación, y la tenencia de la tierra. Aquí, cambio climático es casi un sinónimo de desarrollo rural.
Sin duda que es mucho más fácil hablar del ambiente mirando la avalancha de gases de las chimeneas en los países industrializados. Discutir el impacto ambiental de la agroindustria, hincar el diente en la deforestación o la tenencia de la tierra en la Amazonía, es mucho más difícil, ya que los intereses económicos y los costos políticos son mayores. Para muchos resulta más cómoda aquella mirada planetaria, que les permite escurrirse de los problemas locales, mientras que el discurso verde alimenta la ilusión de gobiernos interesados en esa temática.
Las expectativas para un abordaje efectivo sobre los problemas ambientales nacionales son pocas. En el reciente informe sobre tendencias ambientales elaborado por el Centro Latino Americano de Ecología Social (CLAES), todos los expertos consultados concuerdan que, en el futuro inmediato, prevalecerán las metas económicas frente a los objetivos ambientales. En esa contradicción nace esta mirada, que es global, pero no local.                   Gentileza Flora Kohan