“La marcha del 18 es para honrar los valores democráticos”

El ex fiscal, amenazado por la causa de la mafia del oro en 1995, considera que la muerte de Alberto Nisman conmovió a toda la Argentina y representa una mancha para nuestro país. Asegura que su colega era muy obsesivo con su trabajo y advierte que el Gobierno lo desprotegió y, una vez muerto, trató de deshonrarlo.

Opinión. “No me extraña que el fiscal tuviera las hojas de la denuncia sobre una mesa. Nisman debía estar leyéndola por enésima vez”. | Marcelo Aballay

Opinión. “No me extraña que el fiscal tuviera las hojas de la denuncia sobre una mesa. Nisman debía estar leyéndola por enésima vez”. | Marcelo Aballay

Han pasado muchos años (exactamente noviembre de 1995) desde que comenzaron las amenazas a la familia del doctor Pablo Lanusse, entonces fiscal federal a cargo de la famosa causa de la mafia del oro.

—Las primeras amenazas fueron telefónicas y la agresión contra mí se produjo, luego, en febrero de 1996. A partir de esto –explica Lanusse– se sucedieron amenazas y agresiones, especialmente a una de mis hermanas a quien le tajearon la palabra “oro” en la frente, y hubo una amenaza de bomba en el jardín de infantes al que concurría mi primer hijo… Hubo también otras amenazas y finalmente yo dejé la Fiscalía Federal y pasé a la Fiscalía de Instrucción.

—Obviamente tuvo que dejar la causa pero hoy, tantos años después, como fiscal de la Nación, ¿cómo analiza este momento en el que muchos ciudadanos tienen la sensación de que si al fiscal Nisman le quitaron la vida, a un ciudadano común puede ocurrirle cualquier cosa?
—Como ex fiscal voy a hablarle también como ciudadano. Creo que el 18 de enero nos conmovió a los argentinos la noticia de la muerte de Nisman fundamentalmente porque era fiscal federal general, porque estaba con diez personas de custodia (o debía tenerlas) y porque acababa de hacer una denuncia gravísima contra la señora presidenta, el canciller y otros empleados o funcionarios ligados al Gobierno. En ese contexto, que a pocas horas de ir al Congreso a explicar ante las fuerzas democráticas representadas allí los motivos de su grave denuncia apareciera muerto con un disparo en la cabeza hace que, sin duda, al común de la gente de bien le genere una sensación de vacío y de angustia que se proyecta justamente en la pregunta ¿y a mí que me puede pasar? Me parece entonces que éste es uno de los vértices que demuestran la gravedad institucional de lo ocurrido. Y le digo más: al día de hoy la hipótesis que en un comienzo intentó instalar el Gobierno (paralelamente con la prensa oficial iraní) hablando de un simple suicidio de Nisman a mí no me cierra. Obviamente no soy ni psiquiatra ni psicólogo pero no quiero dejar de señalar el perfil de Nisman, su obsesión profesional, la responsabilidad con la que intentó siempre llevar adelante su rol de titular de la Fiscalía de Investigación de la AMIA. Incluso, yo he sido abogado querellante durante varios años en esa causa donde tuve opiniones críticas y también gran cantidad de opiniones acompañando la postura y el trabajo de la Fiscalía. Nisman era una persona a la que imagino trabajando con mucho ahínco, con mucha obsesión acerca de su concurrencia el lunes 19 de enero al Congreso. Y por eso no me extraña en absoluto que tuviera las hojas de la denuncia expuestas sobre una mesa junto a los resaltadores y no, en cambio, como dice algún vocero del Gobierno (tratando de distraernos a todos) que era porque Nisman estaba conociendo y estudiando por primera vez la denuncia que había hecho. ¡Esto no es más que el desprestigio con que el Gobierno ha intentado “destratar” a Nisman! Mirando esto estoy convencido de que Nisman debía estar leyendo la denuncia por enésima vez. Era un obsesivo. Una persona a la que le gustaba que le reconocieran el acierto de su trabajo. La certeza de su trabajo. El lunes siguiente él iba a encontrar un ámbito en el que se le iba a dar apoyo y, al mismo tiempo, lograr una repercusión nacional y, obviamente, internacional. Por todo esto me lo imagino tal como fue siempre ante un hecho similar, y estoy hablando del momento en el que hizo denuncias de gravedad parecida en el pasado.

—¿Por ejemplo?
—Así fue con la denuncia por el delito de encubrimiento (en el caso de la AMIA) contra el ex presidente Menem.

—¿Cómo fueron los términos de esa denuncia?
—Bueno, por haber entorpecido, o intentado ocultar, lo que se llamó “la pista siria”. Una denuncia de idéntica matriz, de idéntica redacción, de idéntica extensión. También se ha dicho que quien escribe una denuncia tan larga es porque tiene que forzar la apariencia de delito donde no lo hay. Y no es así. Nisman siempre escribía mucho. Y esa denuncia contra el ex presidente Menem logró y recibió el apoyo de la investigación. Se lo indagó a Menem, se lo procesó, se lo elevó a juicio por el encubrimiento y hoy está esperando que se realice el debate público. También Nisman hizo lo mismo cuando acusó a ciudadanos iraníes de ser los posibles responsables de haber decidido, financiado y ordenado ejecutar el atentado a la AMIA. Además, las personas a las que acusó eran las máximas autoridades del régimen terrorista islámico-iraní que gobernaron Irán en 1993-1994. Nisman nunca cambió su forma de trabajar. Siempre, en las conferencias de prensa que brindó en ese momento, en las explicaciones a la opinión pública de entonces, actuó con idéntica pasión y obsesión.

—Creo recordar que usted mencionó que en Interpol trabajó de la misma manera, ¿no es cierto?
—Sí. Cuando tuvo que ir a defender las capturas internacionales que había dispuesto la Justicia argentina para que Interpol decidiera si avalaba las capturas internacionales con las alertas rojas respecto de los acusados iraníes. Nisman tuvo que concurrir allí en dos oportunidades: una, ante el comité más pequeño de Interpol en Lyon y, luego, en una reunión ampliada de todas las delegaciones acreditadas en Interpol en Marruecos. En ambas oportunidades recibió el apoyo de la comunidad internacional. También estaba presente la delegación iraní, obviamente objetando las posturas de Nisman, atacándolo y desacreditando a la Justicia argentina. Sin embargo, Nisman se mantuvo firme y fuerte con respecto a su trabajo pese a las enormes presiones y amenazas que recibió en aquella oportunidad por parte de la delegación iraní.

 El doctor Lanusse reflexiona en voz alta:
—Francamente, me imagino, eran amenazas que debían ser de muchísima mayor entidad que las que, aquí en Argentina, pueda producir una amenaza de Quebracho, de D’Elía o de cualquiera de los acusados por Nisman junto con la Presidenta. Entonces, pensar que Nisman se asustó o que estaba conociendo por primera vez el contenido de la denuncia que había presentado cuatro días antes se inserta en la actitud que tuvo el Gobierno al faltarle el respeto a Nisman. El Gobierno desprotegió a Nisman en vida. Lo maltrató en vida. Lo quiso deshonrar en vida desacreditándolo y, en vez de cuidarlo, lo espió. Y una vez muerto también trató de seguir sembrando dudas.

—Concretamente, ¿a cuál espionaje se refiere usted, Lanusse?
—Mire, yo creo que hay dos situaciones que necesitan explicación: una proviene de la carta absolutamente infantil e increíble de la señora Presidenta, cuando en la red social Facebook se expresó por primera vez, rompiendo su silencio que aturdía cuando no mencionaba ni a los argentinos ni al resto del mundo del hallazgo sin vida de Nisman, y en esa primera carta dijo que “Nisman dejó sola a su hija en el aeropuerto de Barajas por tres horas”. Yo me pregunto: ¿cómo supo Cristina que la hija de Nisman estaba sola? Maneja información delicada, sensible. ¿Lo estaban “caminando”, como se dice en esa jerga, a Nisman desde entonces? Y es muy llamativo que esto se enlaza (porque de Barajas, Nisman vuela a la Argentina) con las imágenes muy impactantes que se captaron en el aeropuerto de Ezeiza. O sea que a Nisman lo estaban esperando. Sabían que estaba en Barajas. Por eso la Presidenta conoce que habría dejado a su hija tres horas sola y lo estaban esperando en Argentina. Y las imágenes que se pudieron ver promovieron de hecho una denuncia del fiscal Marijuan para que se determine si hubo o no espionaje legal porque, obviamente, esto no fue ordenado por ningún juez. Como lo indica la ley argentina de Inteligencia no se pueden captar imágenes de un ciudadano en un aeropuerto porque a alguien se le ocurra. Obviamente a Nisman lo estaban siguiendo y esperando.

—Ahora bien, con todos estos antecedentes que usted está mencionando, ¿cómo se explica que, por ejemplo, la custodia de Nisman no tuviera presencia en el palier del piso aunque no entrara en su departamento? Las versiones señalan que, incluso, algunos miembros de la custodia estaban en el subsuelo, al que no llega una señal de teléfono, ¿es así?
—Esta es una de las versiones que se habrían conocido, pero lo que es inadmisible, teniendo en consideración no solamente la denuncia que había hecho Nisman contra la señora presidenta el 14 de enero sino que Nisman era el fiscal que estaba investigando el terrorismo internacional responsable del atentado contra la AMIA, que la custodia no conociera la clave de acceso a su departamento. ¡Esto no existe! Es una señal… o bien de que Nisman la cambió por algún motivo y no confiaba en su custodia. ¡O, cuando menos, otra desidia de la custodia! Y también, en ese triste domingo 18 de enero, la custodia y los servicios que debían brindar seguridad a Nisman (lo cual es una responsabilidad política de la Presidenta y haberlo hecho bien) dejan pasar esa cantidad inexplicable de horas desde que Nisman había dicho que iba a bajar para ir no sabemos adónde hasta que recién, ¡a las 12 de la noche advirtieron que estaba muerto con un disparo en la cabeza! ¿Por qué se tardó tanto en actuar? Yo creo que ahí hay muchísimas incógnitas, sospechas, dudas e interrogantes que la Justicia o la fiscal Fein deberán explicar a la sociedad argentina. Y lo digo porque agigantan los temores, agigantan las sospechas y permiten sostener que a uno le cueste creer la hipótesis de un suicidio libre y voluntario de parte de Nisman. Quiero ser respetuoso acerca del trabajo de la fiscal Fein (a quien no conozco personalmente). En cambio, conozco y me brinda muchas garantías la jueza Palmaghini y me parece que debemos tener la prudencia de dejar que la Justicia actúe porque ya, de por sí, la jueza y la fiscal están padeciendo la injerencia indebida de la Presidenta de la Nación y de autoridades del Poder Ejecutivo opinando y tratando, incluso, de hacer comentarios hasta grotescos. Me parece que esto también tiene como objetivo distraernos a los argentinos de lo fundamental. Y lo fundamental no es si la fiscal se va a “poner la malla” o no o hacer comunicados de prensa. Aquí lo fundamental es no perder el objetivo de tres causas: una y principal por antigüedad y trascendencia es la causa de la AMIA, pues hay 85 víctimas y sus familias que están esperando respuestas; luego, la denuncia que hizo el fiscal Nisman contra la Presidenta, Timerman y otros funcionarios por el hecho de encubrimiento con el inconstitucional y esperpéntico memorándum con Irán. Y la tercera causa que no debemos perder de vista es la que investiga justamente la fiscal Fein con relación a las circunstancias que rodearon la muerte de Nisman. Todo lo demás son artificios del Gobierno, cortinas de humo que intentan distraernos.

—A propósito de advertencias y de situaciones sorprendentes en democracia, ¿qué opina de la advertencia que el Gobierno realizó a través del diputado Landau en cuanto a que si los fiscales concurren a la marcha del miércoles 18 podrían ser “recusados”?
—La recusación es la herramienta que tiene una parte para intentar que un juez o un fiscal que no le garantiza justicia, independencia e imparcialidad, en el caso de los jueces, actúe y deje de intervenir como juez o como fiscal. Es buscar apartar a un juez o a un fiscal de cuya independencia o idoneidad se sospecha. Ahora bien, esta advertencia que provino del apoderado del PJ entiendo que se inserta en la nauseabunda conferencia de prensa que el PJ brindó pocos días después de la muerte del fiscal Nisman, apoyando a la Presidenta de la Nación, cuestionando al fiscal y, sinceramente, con una visión absolutamente antidemocrática por cuanto la marcha del miércoles 18 convocada por los fiscales es una marcha democrática, en silencio, que no es en contra de nadie y es para honrar la memoria de Nisman y los valores democráticos. Realmente, entonces, me sorprende que el Gobierno la considere en su contra. Todo pareciera indicar que es el propio Gobierno el que se está autocolocando en una situación de “sospechado”. Repito: nadie está diciendo que es en contra del Gobierno. Y si el Gobierno lo interpreta de este modo es porque, por algún motivo, tiene la cola sucia. La muerte de Nisman ha conmovido a la sociedad argentina y al escenario internacional y el motivo que la convoca tiene que ser una bisagra en la vida democrática argentina. No puede haber más derramamiento de sangre en Argentina. Ni muertes políticas tampoco. Esta muerte ha salpicado con sangre la democracia y a los que queremos vivir en una república con límites, con división de poderes y el respeto al prójimo. Por Magdalena Ruiz GuiñazúPerfil  

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