El escenario

La admisión festiva de que el Gobierno se queda sin fondos

El kirchnerismo y su continuación, el cristinismo, han demostrado una suprema habilidad para disfrazar de buenas las noticias de que hay que enfrentar dificultades y usar remedios indeseados.

Foto Archivo-No corresponde a la nota

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La Presidenta ya reconoció hace días en público que los monumentales subsidios a los servicios públicos son la causa del déficit fiscal y -por la necesidad de importar combustibles y energía- de la pérdida del superávit comercial y la escasez de dólares.

Mientras desde el Gobierno se insiste en que la economía pasa por un momento muy bueno, la Presidenta anuncia una moratoria impositiva porque los contribuyentes están incumpliendo sus compromisos.

Descubrió, además, que es insensato subsidiar la oferta y preferible hacerlo con la demanda, para no atender a quien no lo necesita. Se necesitaron 12 años de gestión para que se descubra que si se subsidia el precio de la leche (es sólo un ejemplo), se ayuda a todos los consumidores: desde las madres indigentes hasta los millonarios que se la dan a sus gatitos.

Identificar a quienes necesitan ayuda para comprar garrafas a precio reducido no regulando el precio sino dándole al beneficiario el dinero es correcto. Y también, distinguir por zona geográfica de residencia y composición del grupo familiar. Y con ello poner también un tope a la compensación.

Pero son los procedimientos que siempre rechazó el actual “proyecto”. Ayudar a que se cambien en comercios y domicilios los electrodomésticos que más consumen por otros más eficientes es razonable en un país en que, por las pésimas políticas, se perdió el autoabastecimiento. Es un cambio modesto en la dirección correcta, y que sólo sería más efectivo si se corrigieran los subsidios a la demanda energética, ¿Por qué alguien querría endeudarse para renovar un valioso aparato si no hay un ahorro efectivo?

Por eso, para que en muchos hogares se usen lámparas de bajo consumo el Gobierno debió regalarlas y prohibir las de filamento. Son tanto más costosas unas que otras que nunca, con tarifas regaladas se recupera la diferencia. Antes la lámpara en cuestión agota su vida útil.

Una corrección de subsidios más amplia requeriría también la actualización del mínimo y de las escalas del impuesto a las ganancias.

Porque muchos que hoy no pagan lo que sería razonable por los servicios públicos abonan, en cambio, cifras exorbitantes por el tributo. Una normalización económica requiere las dos cosas. Pero es evidente que el Gobierno sólo tomará módicas medidas que lo ayuden a llegar a salvo -y con capacidad de hacer- propaganda a octubre.

Tampoco salvarán a los fabricantes de motos y de automóviles del daño causado por el impuestazo y la devaluación las compras para las fuerzas de seguridad. En el mercado total, son números insignificantes. Al igual que el incentivo a la renovación de taxis, que sí parece encaminado apenas a restar apoyo al paro del próximo 31.

La moratoria impositiva es una buena idea en el momento incorrecto. El gran Carlos Tacchi enseñó que hay que lanzarlas cuando la economía se recupera y los comerciantes, industriales, profesionales, entre otros contribuyentes, necesitan regularizar los atrasos de la época mala. Un plan de facilidades lanzado en plena estanflación ayuda poco. Sobre todo si ante el mínimo atraso se lo considerará caído, como dijo la Presidenta.

Contradicciones

Cristina Kirchner también señaló que se cobrarán cargos financieros mucho más altos para los atrasos en el pago de impuestos en los que se pueda incurrir de aquí en más. Es también una muestra de falta de fondos. En otras circunstancias poco felices para la economía, pero mejores para las cuentas fiscales, se lanzaron planes de financiación.

Pero no son irrazonables los cargos por atrasos en tasas idénticas a las de los créditos bancarios. De otro modo -y también decía Tacchi-, el crédito más barato es atrasarse con el fisco.

La Presidenta parece convencida de los problemas fiscales por los subsidios indiscriminados. A diferencia de lo ocurrido a principios de 2012, esta vez parece haber encontrado una manera de corregir un poco sin perder demasiado capital político, La mayor parte del problema será herencia para el sucesor . Por Jorge Oviedo | LA NACION

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